El diseño dice “flor de BARDISSA”. La palabra grande va en mayúsculas, con contorno blanco y relleno negro. La erre se marca todavía más, como si tuviera algo que decir. A un lado asoman unas flores pequeñas, trazadas con líneas sencillas. Poca cosa, sí. Pero bien puesta.
En mallorquín, “flor de bardissa” quiere decir literalmente “flor de matorral” o “flor de seto”. No es un refrán ni una expresión tradicional. La gracia está en poner nombre, con toda la ceremonia, a esas florecillas que salen por las bardisses sin pedir permiso a nadie.
Una camiseta para quien ve una bardissa y no piensa solo en pinchos. Para quien reconoce la palabra, la usa o la ha oído toda la vida. Y para quien sabe que, en Mallorca, hasta la mata más discreta puede acabar estampada con nombre propio.


















