En medio del dibujo hay un globo terráqueo azul. A su alrededor, casas y edificios de formas y colores distintos. Encima asoman una isla marrón, un molino y una palmera. No lleva ninguna frase impresa: el dibujo pone imagen a «cada casa es un mon sense».
«Cada casa es un mon sense» quiere decir literalmente «cada casa es un mundo sin…». El «sense», que en mallorquín significa «sin», deja la frase a medias. Y ahí está la gracia: cada casa tiene sus reglas, sus manías y su propio universo.
Quien haya entrado en dos casas mallorquinas sabe que no hay una igual a la otra. En una se come a una hora, en la de al lado a otra. Cada familia tiene sus costumbres y cada vecino, su historia. El final abierto lo pone quien la mira.






