El «mostel» aparece tal cual: cuerpo largo, patas cortas y cuatro trazos con aire de dibujo hecho a mano. Es marrón y blanco, con una oreja marrón y unos ojos grandes que parece que estén pendientes de todo. No lleva frase ni accesorios. Solo él, plantado en medio.
Aunque el diseño se llama «mostel», el nombre no sale escrito. Aquí no hay refrán ni doble sentido que descifrar. La gracia está en esa mirada de quien no ha dicho nada, pero ya se ha enterado de todo. Una escena bastante conocida por Mallorca.
Para los que disfrutan más de una buena cara que de una frase explicándolo todo. Tiene pinta de personaje que ves por el pueblo, en una comida o sentado en una terraza, mirando el movimiento sin perder detalle. Sencillo, sin adornos y con mucha expresión.







