“COTEÓ” y “COTÓ”. No hay más palabras, pero tampoco hacen falta. Se repiten en distintos tamaños, estilos y posiciones, con letras negras y contornos grises sobre fondo blanco. Todo aparece movido y desenfocado aposta. Como mirar el cartel del bar cuando la noche ya se ha alargado un poco.
No es una expresión mallorquina ni hay una traducción escondida. El chiste está en leerlo: “COTEÓ”, “COTÓ”… copeo. Las letras se cruzan, se lían y hacen dudar de qué pone exactamente. Una broma tipográfica de esas que se entienden justo después de volver a mirar.
Para salir de copeo y acabar con media mesa intentando descifrar el estampado. Uno dirá “COTEÓ”, otro “COTÓ” y alguno jurará que pone otra cosa. Tú déjalos discutir. La gracia está precisamente ahí.






